Consciente de su delicada situación financiera, el Gobierno está inmerso en un laborioso proceso para detectar en qué partidas de gasto público puede obtener ahorros. El objetivo es reducir la abultada factura que deja la Administración del Estado en las cuentas públicas y para ello el instrumento elegido son las centrales de compra. Un mecanismo que ya fue utilizado por Reino Unido, en un proceso que se alargó durante ocho años, o en EEUU para la centralización de las cuentas corrientes de todos los organismos públicos.