Una parte de la población sufre la denominada "pobreza energética". Este concepto, definido por primera vez en Gran Bretaña en 1988, se refiere a los consumidores que destinan más del 10% de sus ingresos a pagar las facturas de energía; estas personas no son capaces de mantener su hogar a una temperatura adecuada (20º C en invierno y 25º C en verano) por un precio justo. En España, la ONG "Ecoserveis" apunta que un 10% de la población española no puede mantener una temperatura adecuada en el hogar. La pobreza energética implica impactos sociales, sanitarios y medioambientales y la calidad de vida de estos consumidores, sin duda, se resiente, a la vez que acumulan deudas por el sobreesfuerzo en el consumo energético, y el cada vez más alto precio de la energía. En una casa mal climatizada, sus inquilinos están más expuestos a problemas de salud relacionados con el frío y la humedad. La consultora de Ecoserveis, asegura, que para abordar este problema, se cuenta con una serie de medidas prácticas para actuar sobre sus tres causas principales: nivel de ingresos, calidad en la edificación y precios de la energía, así como por parte, de los propios consumidores que pueden asumir diversas medidas para combatir este problema.