Los consumidores llevamos meses padeciendo las consecuencias de la guerra de los cajeros, iniciada por Caixabank. La guerra de los cajeros se saldó con la regulación del cobro de las comisiones por utilización de cajeros. Según establece la norma, desde el 1 de enero:
Las entidades propietarias de los cajeros son las únicas que pueden cobrar comisiones por su uso.
Esas comisiones no se pueden repercutir directamente al titular de la tarjeta. Será la entidad emisora de la tarjeta la que asuma el pago de dicha comisión, y después repercutirá a sus clientes en parte o totalmente esa comisión. Y no puede cobrar a su clientes una cantidad superior, salvo en el caso de extracciones con tarjeta de crédito.