La Ley de Calidad Agroalimentaria, explica el director del organismo adscrito a la Consejería de Agricultura del Gobierno autonómico, nace con la idea de satisfacer las necesidades de los consumidores, que reclaman "garantías de calidad", del sector primario y también de la propia Administración, que con la nueva norma se dota de herramientas para cubrir vacíos legales y realizar una labor "más eficaz y eficiente".
Al margen del siempre polémico asunto de los transgénicos, la Ley introduce novedades en el etiquetado de los productos, entre ellos las menciones a su elaboración artesanal o a producciones específicas, como el vino de frutas -mora o plátano-, el de finca, el almogrote, el gomerón o el sirope de palma.
La norma autonómica también incide en la limitación de la denominación guachinche para evitar la "competencia desleal" con estos establecimientos de restauración, destinados a la comercialización temporal de vino de cosecha propia. Lo hace mediante la modificación del decreto de 2013, que contemplará que los locales que actúen como guachinches sin serlo -que han proliferado en los últimos años- deberán cesar en el uso de este término en el plazo de un año. Además, la Administración ha acordado con el sector dejar de emplear el distintivo atribuido hasta ahora a estos establecimientos, la "V" de vino, para sustituirlo por una "G".