"Hablar de que un niño necesita su primera galleta, sería como decir que necesita su primera bofetada". Así de contundente se muestra el nutricionista Juan Revenga cuando se le pregunta sobre los reclamos publicitarios que utilizan las multinacionales de la alimentación para vender alimentos ultraprocesados al público más vulnerable: los más pequeños de la casa.
Su respuesta, además de tajante, no está exenta de razón. En España actualmente un 23,2% de los niños sufre sobrepeso y un 18,1% obesidad, según los datos del estudio Aladino de 2015. Una epidemia, como lo denomina la OMS, que tiene dos responsables directos: el sedentarismo y el aumento del consumo de productos ultraprocesados.
Pero, ¿cómo llega un niño de menos de un año a comer su primera galleta o a beber su primer batido? La respuesta: gracias a sus padres que los compran guiados por los reclamos publicitarios.
"Actualmente la publicidad de productos ultraprocesados se está dirigiendo a un público cada vez más joven", apunta Carmen Echazarreta, profesora de Comunicación Audiovisual y Publicidad de la Universidad de Girona. Según Echazarreta este cambio se debe a que los adultos cada vez están más concienciados con su salud y evitan esta clase de alimentos. "Sin embargo, cuando se trata de comestibles dirigidos a niños, las multinacionales juegan con la publicidad para venderlos como sanos y saludables cuando no lo son", apostilla.