Conocemos por las autoridades los elevados costes económicos que ha supuesto la última debacle financiera. Periódicamente se publican las cifras, cada vez más elevadas, relativas a las decenas de miles millones de euros empleados en rescatar entidades que ya se dan por perdidos. También sabemos de las cuantiosas ayudas fiscales que han supuesto una notable caída de la recaudación. Igualmente comprobamos como el parón económico causado por la debacle financiera ha generado una montaña de deuda pública de difícil devolución.