Cultivos hidropónicos: las ventajas de que tu lechuga nunca haya tocado la tierra

Fecha: 
30/08/2022

Plantas sin tierra

La hidroponía es un sistema de cultivo que permite hacer crecer plantas en agua donde se han disuelto nutrientes, sin necesidad de usar tierra. En su lugar se emplea algún tipo de material de soporte inerte para mantener las plantas de pie, como perlita, basalto o fibra de coco. Los cultivos se pueden apilar en vertical, en bandejas, lo que hace que sea necesario mucho menos espacio. De hecho, las ciudades del futuro pueden convertirse en los centros de producción agrícola, con “rascacielos verdes” donde se cultivan cosechas.

Aunque a veces se confunden, la hidroponía va mucho más allá que el riego por goteo y los invernaderos, que es aún la forma de producción más común. Al contrario que con las plantas en la tierra, el agua de los cultivos hidropónicos se puede recuperar y reciclar. Si se añade iluminación artificial con luz LED de bajo consumo, los cultivos crecen mucho más rápido y permiten obtener más cosechas. Tampoco es necesario el uso de pesticidas, porque se trata de un entorno cerrado y controlado.  

Los nutrientes que se disuelven en el agua de riego son nitrógeno, potasio, fósforo, calcio, magnesio, y azufre, además de otros elementos adicionales en menor cantidad. Pueden obtenerse de diversas procedencias, desde estiércol y excrementos de peces o aves, hasta fertilizantes sintéticos. Aquí está otra ventaja. Se estima que el 50% del nitrógeno de los fertilizantes en la agricultura tradicional nunca llega a las plantas, y se pierde por filtraciones o evaporación. Este exceso de fertilizantes en los cauces crea zonas muertas como la del Mar Menor en España o la del Golfo de México. Por el contrario, en los cultivos hidropónicos no se escapa ni una gota. 

El impacto medioambiental es mucho menor que en la agricultura tradicional extensiva, incluso cuando se añade iluminación artificial con LED, que compensa el ahorro de agua, de combustibles para tractores, cosechadoras, o en nitratos como fertilizantes, cuya fabricación consume enormes cantidades de energía. Como los cultivos hidropónicos se adaptan a cualquier clima, se pueden producir localmente y ahorrar en emisiones por transporte de los productos a otros destinos lejanos. Por ejemplo, en el caso de Holanda, el principal consumidor de sus frutas y verduras es la vecina Alemania.

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