Las grandes patronales del consumo hicieron un llamamiento público sobre las repercusiones de este gravamen en el tejido productivo, en un momento de inflación de costes por la subida de las materias primas y la energía. «Es como echar gasolina al fuego. Creemos que es un momento muy inadecuado», decía José María Bonmatí, director general de Aecoc, la patronal de fabricantes y distribuidores sobre la tasa que deriva de la Ley de Residuos y Suelos contaminados.
Preocupa especialmente en la industria alimentaria, donde el encarecimiento de este material que abunda en los alimentos puede provocar un efecto traslación hacia el consumidor final en una cesta de la compra que no para de encarecerse. En definitiva, los sectores implicados avisan ya de que el gravamen puede agudizar el alza inflacionista.
Además, la reflexión es que el nuevo impuesto puede poner en peligro también a mucha pequeña y mediana empresa que está en una situación financiera delicada. También puede suponer una pérdida de competitividad en el entorno europeo. «Este impuesto afecta a los planes de atraer inversiones para producir aquí y exportar», se quejaba Val Diez, directora general de Stanpa, la Asociación Nacional de la perfumería y cosmética. También aseguró que algunas multinacionales estarían replanteándose sus inversiones para llevarlas a países donde este gravamen no existe.