Cuando algo se estropea en casa —un móvil, una lavadora o un televisor— la reacción más habitual es sustituirlo. A veces cuesta encontrar un servicio técnico, otras el presupuesto resulta elevado y, en ocasiones, la reparación parece más complicada que comprar un aparato nuevo. La nueva normativa europea sobre el derecho a reparar busca facilitar que reparar vuelva a ser una alternativa real para las personas consumidoras. Para ello, introduce medidas destinadas a favorecer el acceso a piezas de repuesto, información técnica y servicios de reparación. Estas son sus principales claves.