Abrir la nevera y encontrarse en alguna ocasión un producto caducado, una fruta con mal aspecto o restos de comida de la semana anterior que ya no son aptos para el consumo es algo muy común en los hogares españoles.
El final de esos alimentos suele ser el cubo de basura. Este acto que resulta tan cotidiano contribuye al desperdicio alimentario, una práctica cuestionable desde el punto de vista de la ética y la sostenibilidad, pero también significa un roto importante en nuestra economía personal si se trata de algo habitual en nuestro hogar.